
Nadie te garantiza que las relaciones más ardientes, siquiera las integramente afectuosas duren para toda la vida (pero en lo más profundo de cada uno de nosotros todos tenemos la espectativa de ver nuestro futuro reflejado con alguien del presente; tal vez generalizo pero es que así es como lo veo). Hay personas que se comprometen con un seudo codigo de noviazgo y viven el fin de semana incumpliendo las leyes que lo componen; están las que dan su palabra y le son fieles a quien la recibe; hay otras que entregan su mundo a relaciones menos profundas que un charco y sobran de las que prefieren seguir siendo dueñas de sus codigos; sus palabras; su mundo y sus (y pongo énfasis en 'sus') fines de semana. Intentar no implica no equivocarse sino asumir un riesgo; y aunque a veces duela dar tanto de uno para no recibir ni medio de eso que entregamos, esto sigue dado una mejor sensacion a la que provoca quedarse con la duda (o con las ganas). No importa si la relacion por la que vamos a apostar aspira a una semana o a un par de años de nuestra vida; siquiera importa si estás o no seguro de poder llamarlo relación, la respuesta está en esas personas que por más de que cuenten con un catalogo de 'porques' y otro de 'razones por las que no funcionaria' se la juegan con tal de no quedarse con la espina de nunca haberlo intentado. Ojala me hubiese dado cuanta antes de como funcionaba; después de todo en un mundo donde nadie te asegura nada; no puedo pretender que me garantizen algo que resulta tan ingarantizable y tan dependiente como independiente de nosotros en forma paralela. La unica respuesta que se me viene a la cabeza siempre resulta la misma: correr el riesgo.

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Como que a la nenita de abajo le cabio el guampazo.
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